El camino del Yoga

Muchas veces escucho a mis amistades, compañeros de trabajo o futuros alumnos, al invitarlos a participar de una práctica, hablar de sí mismos como “soy demasiado tieso, es que no logro alcanzar ni mis rodillas al hacer cigüeña o no sirvo para esto”. 

Como si de pronto la práctica de yoga fuese mero sinónimo de proceso de mutación física a un estado elástico de la corporalidad. Bueno, de cierta forma es cierto que con la práctica, constancia y compromiso con uno mismo, el cuerpo recupera su elasticidad dormida, pero claramente no ha de ser el fin último del Yoga.

Recuerdo mis primeras prácticas (digamos que hace un par de años atrás). Al igual que ellos, también pensaba que no me sería posible unir más de dos asanas, mantener el pranayama o que comenzaría a llorar de dolor a la hora de que me pidieran hacer Padmasana o Loto de piernas. De ser honestos, así fue. Antes de llegar a pronunciar el bijamantra OM , mis piernas ya protestaban de incomodidad al mantener la misma postura corporal. Mis pulmones acostumbrados a generar respiraciones breves deseaban renunciar a las indicaciones del Swami (y para ese minuto no llevaba ni 5 minutos de práctica).

Sin darme cuenta, luego de mantener una constante lucha con mi yo interior que me rogaba a gritos renunciar a la práctica, regalar el Mat y salir corriendo, ya me encontraba en Savasana, feliz y contento de que la experiencia había terminado. Pero algo había ocurrido.

Luego de despedirme de Swami (Maestro de Yoga) me encontraba sosteniendo una grata conversación conmigo mismo ¿Seguimos? Paso mucho tiempo (un par de años) hasta que volví a tomar una clase con el mismo Swami. Mi propia búsqueda del responder aquella pregunta me había llevado a explorar y experimentar otros estilos de Yoga, otros métodos y escuelas donde practicar, y al cavo de cada una de ellas lograba mantener esa grata conexión y conversación con mi Yo interior.

Han pasado 13 años desde aquella primera conversación. He logrado disfrutar de cada estilo de Yoga que en mi camino a aparecido, profundizar y avanzar cada día más en mi propia experiencia del vivir, enseñar y compartir el Yoga, pero por sobre todas las cosas, he comprendido cada día con mayor fuerza que el Yoga finalmente es esto. El poder vivir y disfrutar del proceso de conectarse con el propio Yo interior y desde este estado de gracia, conectarnos con el resto, mantener y gozar de esta caminata, liberarnos del deseo y simplemente experimentar la maravilla del Estar, aquí y ahora en este minuto.

Posiblemente, sabes de lo que estoy hablando. Si es así, Felicidades y Gracias por haberte permitido este maravilloso regalo, pero si aun te quedan dudas, preguntas o simplemente curiosidad … Te invito a que te atrevas a vivir esta experiencia. El Yoga no va de quien tiene mayor elasticidad, de quien logra la mejor Asana o no, sino de cuanto nos permitimos estar en este minuto, aquí, ahora, y el resto … bueno ya con el tiempo iras celebrando y agradeciendo cada uno de tus logros y avances.

nirvana-camino

Existe una breve y antigua leyenda que les narran a los chicos en India, para educarles sobre la necesidad de ser perseverantes en cada una de sus tareas.

El anciano, había sentido el llamado. Algo existía en lo alto de la montaña que llamaba por él; por su ser, su luz y por su espíritu. Tras mucho caminar en dirección hacia la montaña y al visualizar como la naturaleza que durante años acompañó, eran hoy sus principales obstáculos, el anciano dio marcha atrás.

Un día como cualquier otro, el anciano volvió a sentir la necesidad de acudir a ese llamado que en ningún momento calló su voz. Nuevamente al enfrentarse a la montaña sintió el deseo de regresar. Sin embargo recordando las enseñanzas sagradas, optó por no sucumbir ante el deseo del retorno.

Los primeros pasos fueron complejos. Los animales salvajes rugían ante la extraña presencia de ese humano desconocido. El bosque y sus tupidas ramas en señal de desconocimiento, cubrían el suelo por lo que difícilmente el Anciano lograba ver el camino que iba generando. En reiteradas ocasiones, tuvo que regresar al inicio de la montaña solo para dar descanso a su cuerpo. 

Con el tiempo y gracias a su perseverancia, los animales y la naturaleza que en un comienzo fueron su principal enemigo, comenzaban a reconocerle, sintiendo su noble objetivo – acudir al llamado sagrado – La montaña poco a poco comenzó a dibujar un camino por donde el viejo, había ya caminado en sus intentos anteriores. Los árboles comenzaban a quitar sus ramas del paso, incluso tendieron brazos para que el Anciano pudiera sostenerse en el caminar. Los animales, simplemente se recostaron a observar el esfuerzo y dedicación del Viejo, en ocasiones le brindaron alimento en otras abrigo o simplemente compañía. 

Luego de un tiempo, la Montaña ya no era un sitio inhóspito y desconocido – el Viejo ya no era un extraño y un peligro. Y un buen día, simplemente ocurrió. El Anciano estaba ya en la cúspide de la Montaña, en armonía con los Dioses que llamaron por él 

Recuerda siempre seguir el camino. No te entregues a los pequeños engaños de la mente.

Energía Solar.

Luz.

Namaste.

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